jueves, 2 de junio de 2011

AUTARQUIA

La autarquía, autarcía (ambas del griego αὐτάρκεια)[1] o autosuficiencia es un término comúnmente usado en la economía que indica la condición de las personas, lugares, mecanismos, sociedades, sistemas industriales o naciones que luchan por su auto-abastecimiento o que rechazan toda ayuda externa, se puede encontrar o proponer en países con los suficientes recursos naturales como para no tener que disponer de importaciones de ningún tipo.
Referido a los individuos y a los grupos, el término se aplica a formas más limitadas de autosuficiencia, como cultivar un estilo de vida en el cual la persona se desliga del sistema social en el que está inmerso para, por sí mismo, satisfacer sus necesidades básicas. Como medios para una supervivencia autosuficiente los individuos y los grupos humanos van desde, por ejemplo, producir sus propios alimentos, hasta condiciones más radicales, como secluirse de los demás. Una comunidad autárquica es aquella con una economía cerrada a los intercambios con agentes ajenos a esta, donde se produzca lo suficiente para abastecerse, tal situación puede darse en organizaciones poco complejas.
En el caso de los Estados, la autosuficiencia implica configurarse económicamente independientes del intercambio económico, la ayuda (humanitaria, técnica, en pos de más desarrollo, etc.) que pueden ofrecerle otros Estados, vía subsidios, crédito externo o subvenciones; es propia de algunos Estados en su fase inicial de capitalismo. En el caso de las entidades políticas centrales (los países independientes), la autosuficiencia se concreta cuando se evita solicitar préstamos a organizaciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, entre otras instituciones financieras, y resistiéndose a implementar sus políticas.
En el espectro político la autarquía como ideal social se vincula al programa político del fascismo (véase: corporativismo). Está vinculado tradicionalmente a formas extremas de nacionalismo y socialismo y más recientemente a formas extremistas de comunitarismo y ecologismo (véase: antiglobalización).

[editar] La autarcía como ideal filósofico

En la Antigua Grecia varias corrientes filosóficas vieron en la autarcía un ideal de vida. Para las escuelas cínica, estoica, epicúrea y cirenaica, la autarcía es la situación propia del sabio, que se basta a sí mismo para ser feliz, pues no necesita para ello otra cosa que el ejercicio de la virtud.

[editar] "Autarquía" en el Derecho

En el derecho administrativo, la autarquía es la forma de descentralización administrativa que permite el gobierno por sí mismo en lo administrativo, personalidad jurídica y patrimonio propio, y además una finalidad pública en sus funciones; es característica del ente autárquico. Según el derecho constitucional es la capacidad de autoadministrarse o autogobernarse, pero conforme a estatutos orgánicos provenientes de un poder superior. Los conceptos de autonomía y autarquía, para adquirir precisión, deben estar necesariamente referidos a un sistema jurídico-político determinado, ya que existen diferencia de matices.

[editar] "Autarquía" en la política

En política un régimen autárquico se refiere a las dictaduras. Al gobierno de un grupo que posee el poder absoluto del estado, decidiendo las leyes y cambiándolas de acuerdo a sus intereses.

[editar] "Autarquía" en economía

Sistema económico según el cual una nación debe ser capaz de abastecerse a sí misma y subvenir a todas sus necesidades con un mínimo de intercambios comerciales con el exterior y rechazando los capitales extranjeros. Es sinónimo de economía cerrada al comercio exterior o al mercado global, lo que conlleva establecer restricciones al intercambio entre individuos de distintos sitios.
  • Autarquía permanente o pasajera, según sea debida o no a algún elemento como una guerra que obliga a un comportamiento de este tipo.
  • Autarquía absoluta o relativa. En el primero de los casos, mucho más extremo, no se mantiene ninguna relación con el exterior.

[editar] Ejemplos históricos

La Alemania de Hitler es uno de los mejores ejemplos de autarquía económica, con vistas a reducir al mínimo la dependencia con el exterior; fueron movilizadas todas las fuerzas económicas de la nación con el fin de producir las materias primas y los productos agrícolas indispensables y limitar al máximo el consumo de productos extranjeros, a costa de reemplazar productos de primera necesidad por otros sintéticos. Se trataba de evitar los problemas que surgieron en la Alemania de la Primera Guerra Mundial cuando los británicos bloquearon la mayor parte de importaciones del país.
Asimismo, dentro del franquismo, el período que va desde 1939 a 1959 se caracterizó por una autarquía económica.
Un caso poco conocido de autarquía económica es la acaecida en la República del Paraguay durante la dictadura de José Gaspar Rodríguez de Francia, el cual cerró todas las aduanas (excepto la de Itapúa con el Brasil) restringiendo el comercio con el exterior. Esta medida es hoy vista como un factor fundamental de la existencia del Paraguay como país independiente.
Estados ostracistas como Corea del Norte o la Albania socialista han practicado la autarquía económica motivados por el estalinismo de su ideología de Estado.

EJE BERLIN-ROMA

El término Potencias del Eje o Eje Berlín-Roma-Tokio se refiere a los pactos firmados por Alemania e Italia antes de la Segunda Guerra Mundial, a los que también se adhirió Japón una vez comenzada la guerra. Además de estas tres potencias, otros estados menores se agregaron a estos pactos, unos por afinidad política y otros por temor.
Las Potencias del Eje eran la Alemania nazi, el Imperio de Japón y el Reino de Italia. Dichos países formaron un Pacto Tripartito que posteriormente derivó en lo que se llamó el Bloque Berlín-Roma-Tokio. Este nuevo bloque logró su establecimiento debido a las coincidencias que existían entre sus sistemas de gobierno, económico e ideológico de los tres países. De igual forma, compartían tres coincidencias de connotación negativa: fueron los países menos beneficiados por el Tratado de Versalles.
El término Eje Roma-Berlín fue utilizado por primera vez por Benito Mussolini en noviembre de 1936, cuando refiriéndose al tratado de amistad firmado el 25 de octubre de 1936 entre el Reino de Italia y la Alemania nazi, dice que los dos países formarían un Eje alrededor del cual girarían los otros estados de Europa. Este pacto de amistad se forjó a iniciativa de Italia, que se estaba enfrentando a una fuerte oposición en la Sociedad de Naciones con motivo de sus guerras de ocupación en Somalia y Abisinia (Etiopía), consiguiendo con ello el apoyo de Alemania que ya había abandonado la Sociedad de Naciones en 1933. Posteriormente, en mayo de 1939, esta relación devendría en la alianza denominada Pacto de Acero y finalmente integraría también a Japón tras la firma del Pacto Tripartito el 27 de septiembre de 1940. Además de las tres grandes potencias que dan nombre al pacto, se adhirieron al mismo: Hungría, Rumanía, Bulgaria y Eslovaquia, ya separada del resto de Checoslovaquia en virtud de los acuerdos de Múnich de 1938.
Otro país, considerado por los aliados como parte del Eje fue Finlandia, aunque nunca firmó el tratado. En su relación con los nazis, Finlandia se consideraba como co-beligerante, un término que englobaba a países regidos por gobiernos títeres de los nazis como Croacia o la Francia de Vichy. Siam fue otro estado co-beligerante, que apoyó a Japón, quien tenía a su vez una serie de gobiernos títeres tales como Manchukuo (el gobierno establecido por el Imperio de Japón en Manchuria), Mengjiang, la China nacionalista de Nanking, la Segunda República Filipina, la Birmania de Ba Maw o el Gobierno Provisional de la India Libre. Italia tenía a Albania y Abisinia como estados títeres.

PACTO ANTIKOMINTERN

El Pacto Anti-Komintern o Tratado Anti-Komintern fue firmado el 25 de noviembre de 1936 entre el Imperio de Japón y la Alemania Nazi, donde ambas naciones se comprometían a tomar medidas para salvaguardarse de la amenaza de la Internacional Comunista o Comintern, liderada por la union sovietica.
Un mes después de que se formalizara el Eje Roma-Berlín (octubre de 1936), Japón firma con la Alemania nazi el Pacto Antikomintern, donde los dos países se alían contra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y se reconoce Manchukuo, un estado títere originado durante la ocupación japonesa de la región china de Manchuria. Un año después se incorpora a este pacto Italia, y luego los gobiernos de España y Hungría. De esta forma los grandes bloques basados en doctrinas fascistas en Europa y uno de los países más importantes de Asia, el Japón imperial, se apoyan mutuamente en contra de la influencia de las doctrinas del internacionalismo comunista promovido internacionalmente por el el gobierno de la union sovietica.
El Pacto Antikomintern fue un intento de Hitler de aislar a la URSS, que no contaba con aliados en Europa, sin que implicase necesariamente ayuda militar.
Para 1941, cuando se inició la invasión de la Unión Soviética, los países miembros del Pacto eran:

CONFERENCIA MUNICH

Conferencia celebrada en la ciudad alemana de Munich entre el 29 y el 30 de septiembre de 1938. Como resultado del consiguiente Pacto de Munich: acuerdo propuesto y firmado por Alemania, Italia, Francia y Gran Bretaña en la ciudad alemana de Munich el 29 de septiembre de 1938 con el objeto de poner fin al conflicto germano-checoslovaco. El acuerdo resultante implicaba la aceptación por parte británica y francesa de las demandas territoriales del dictador alemán Adolfo Hitler, consistentes en la cesión de los Sudestes, una región de Checoslovaquia limítrofe con Alemania en la que residía una importante minoría de población alemana que, alegando la discriminación que sufría por parte del gobierno checoslovaco, había iniciado un movimiento separatista fomentado desde Berlín (capital del III Reich alemán). La cesión de los Sudetes ya había sido acordada por los signatarios del Pacto en las negociaciones previas, que habían dado comienzo en agosto de 1938. Gran Bretaña y Francia, que deseaban evitar una nueva guerra a cualquier precio, cedieron ante Hitler a cambio de que éste se comprometiera a no exigir la soberanía sobre más territorios europeos. El primer ministro británico, Arthur Neville Chamberlain, confiaba en que estas concesiones alentarían a Alemania a establecerse como una potencia pacífica dentro de Europa. El Pacto, firmado por Chamberlain, el presidente del Consejo francés (primer ministro) Édouard Daladier, Adolf Hitler y el jefe de gobierno y dictador italiano Benito Mussolini, determinaba únicamente las condiciones bajo las cuales habría de realizarse la cesión. Según este acuerdo, el 1 de octubre de 1938 era la fecha en la que debía comenzar la evacuación checoslovaca de la región de los Sudetes. La ocupación alemana de los cuatro distritos especificados se produciría en fases sucesivas desde el 1 hasta el 7 de octubre. Gran Bretaña y Francia añadieron una cláusula adicional por la que se comprometían a garantizar el mantenimiento de las nuevas fronteras de Checoslovaquia ante posibles agresiones, condición que fue aceptada por el gobierno alemán. Los alemanes marcharon sobre Checoslovaquia en marzo de 1939 y la mayor parte del país pasó a constituir el protectorado alemán de Bohemia-Moravia, con lo cual quedó anulado el Pacto de Munich y Gran Bretaña comenzó a desconfiar de las intenciones de Hitler. El Pacto de Munich ha sido considerado el símbolo por antonomasia de los peligros representados por una política internacional transigente ante expansiones totalitarias.

CAUSAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

La Segunda Guerra Mundial superó claramente a la Primera, tanto por la duración y la intensidad de los combates como por las pérdidas humanas y los recursos que se utilizaron: participaron 72 Estados, fueron movilizados 110 millones de hombres, el coste económico de la guerra fue cuantiosísimo y hubo más de 40 millones de muertos.
El norte de China, Japón y Europa quedaron devastados y su equipamiento industrial, ferroviario, portuario y viario quedó muy maltrecho. Además, la Segunda Guerra Mundial tuvo una extensión realmente mundial, ya que se combatió en casi todos los continentes (Europa, Asia, África y Oceanía) y en todos los océanos.
En el terreno armamentístico, las grandes potencias enfrentadas perfeccionaron y pusieron a punto instrumentos de ataque suficientemente terribles como para destruir a toda la Humanidad. La aparición de las grandes unidades blindadas, la utilización de los submarinos, de los portaaviones, de los misiles antiaéreos, del radar y de la aviación como recurso habitual para el transporte de tropas y para los bombardeos sobre la población civil, hicieron de este conflicto una verdadera carrera hacia a destrucción. Finalmente, la explosión de la primera bomba nuclear marcó un hito en la historia del miedo atómico, al demostrar que era posible destruir la humanidad.
La mayoría de los problemas que llevaron a la S.G.M. fueron conflictos que no se habían resuelto en la P.G.M. o que tenían origen en ella. La humillación de Alemania en el Tratado de Versalles, la crisis económica de los años 30 y el ascenso al poder del nazismo provocaron en este país un sentimiento de revancha que culminó en una actitud agresiva hacia el resto de Europa.
Esta guerra que estalló en 1939 fue el segundo conflicto que, iniciado en Europa, llegó a convertirse en una “guerra total”, porque directamente incluyó a países de otros continentes e influyó indirectamente en los aspectos políticos, sociales y económicos en el resto del
 mundo, de manera similar como sucediera con el enfrentamiento armado de 1914. Pero a diferencia de éste, la Segunda Guerra Mundial lite un conflicto de escala mucho más grande y de mayor duración, que se propagó a territorios más extensos y llegó a ser más cruel e implacable. En su origen, aparte de la rivalidad internacional inherente a todo conflicto de esta naturaleza, intervinieron otros factores relacionados con los eventos ocurridos en el mundo durante los veinte años del periodo de entreguerras.
Causas o Factores de origen del Conflicto: En primer lugar, la Segunda Guerra Mundial surgió en función del enfrentamiento entre ideologías que amparaban sistemas político—económicos opuestos. A diferencia de la guerra anterior, enmarcada en un solo sistema predominante —el liberalismo capitalista, común a los dos bandos—, en el segundo conflicto mundial se enfrentaron tres ideologías contrarias: el liberalismo democrático, el nazi—fascismo y el comunismo soviético. Estos dos últimos sistemas, no obstante ser contrarios entre sí, tenían en común la organización del Estado fuerte y totalitario y el culto a la personalidad de un líder carismático, características opuestas al liberalismo que postula la democracia como forma de gobierno y la libertad e igualdad de los individuos como forma de sociedad.
En segundo lugar estaban los problemas étnicos que, presentes desde siglos atrás, se fueron haciendo más graves al llevarse a efecto las modificaciones fronterizas creadas por el Tratado de Versalles, que afectaron negativamente sobre todo a Alemania y a Austria —naciones pobladas por germanos— y redujeron de manera considerable sus territorios.
Este hecho fue determinante para difundir en esos pueblos el sentimiento de superioridad de la raza germana —identificada por Adolfo Hitler como “raza aria” de acuerdo con una idea desarrollada en la filosofía alemana del siglo XIX— frente a los grupos raciales, principalmente los judíos que controlaban la economía capitalista, y quienes, según la perspectiva de los nazis, habían dividido a los pueblos germanos e interrumpido su desarrollo económico.
Por otra parte, la insistencia de Hitler por evitar el cumplimiento del Tratado de Versalles provocó diferentes reacciones entre los países vencedores: Francia, que temía una nueva agresión de Alemania, quería evitar a toda costa que resurgiera el poderío bélico de la nación vecina. En cambio, el gobierno británico y el de Estados Unidos subestimaban el peligro que el rearme alemán representaba para la seguridad colectiva; consideraban que el Tratado de Versalles había sido demasiado injusto, y veían con simpatía la tendencia anticomunista adoptada por la Alemania nazi, porque podría significar una barrera capaz de detener el expansionismo soviético hacia Europa, calificado entonces por las democracias occidentales como un peligro mayor y mucho más grave que el propio nazismo. A causa de ese temor al comunismo, el gobierno británico adoptó una política de “apaciguamiento” respecto al expansionismo alemán, bajo la idea de que al hacer concesiones a Hitler podría evitarse una  nueva guerra y se obtendría, además, su colaboración contra el peligro soviético.
En tercer lugar, en la década de los años treinta la situación del mundo era muy distinta a la de 1914. Aparte de los trastornos ocasionados por la crisis económica iniciada en Estados Unidos, aún persistían los efectos devastadores de la Primera Guerra Mundial, que había producido una enorme transformación en todos los ámbitos de la vida humana y originado grandes crisis en prácticamente todos los países de la Tierra. Además, la secuela de tensiones internacionales que ese conflicto produjo, preparaban el camino para una nueva guerra, no obstante los intentos de la Sociedad de Naciones por evitarla. Por esta razón, puede decirse que la Segunda Guerra Mundial se originó directamente de la Primera; de ahí que ambos conflictos, enlazados por el periodo de entreguerras, constituyan lo que se considera como la “Segunda Guerra de los Treinta Años” en la historia moderna de la humanidad.
La crisis económica de la década de 1930 había estimulado a Japón a sustituir a Europa en el Lejano Oriente y a construir lo que ellos mismos llamaban «la gran Asia Oriental«, dominada por el nuevo orden japonés. Así, Japón inició una política expansionista que tenía un doble objetivo. Por un lado, controlar territorios para extraer materias primas y dominar sus exportaciones, y, por otro, reabsorber la crisis industrial mediante los encargos de armamento. La expansión «pacífica» de los años veinte se convirtió en la década de los treinta en expansión militar, que se inició en 1931 con la invasión de Manchuria, que se convirtió en Manchukuo, un estado satélite del Japón. La guerra en el Lejano Oriente comenzó, en realidad, en 1937, cuando se generalizó el conflicto chino japonés, y tuvo su momento decisivo en 1941, con el ataque a la base norte-americana de Pearl Harbour.
A semejanza de la Primera Guerra Mundial, la Segunda se presenta en dos fases:
a) desde 1939 a 1941 cuando se desarrolla fundamentalmente en Europa y muestra una orientación favorable a las potencias del Eje;

b) desde 1942 a 1945, cuando la guerra adquiere dimensiones mundiales y paulatinamente pasa a ser favorables a los países aliados encabezados por Gran Bretaña, EE.UU. y URSS.